lunes, 27 de febrero de 2012

II Seminario Internacional de Educación

A partir del próximo jueves, 1 de marzo, se inicia en Madrid el II Seminario Internacional de Educación Crítica para la Cooperación al Desarrollo.
El grueso de este Seminario está organizado por la fundación IEPALA, relacionada con países del Tercer Mundo, con el objetivo de crear espacios de encuentro y relación Norte-Sur, estudiar los problemas sociales, etc. 

Este seminario comienza el jueves a las 19:00 y termina el sábado, siendo necesario, para poder asistir, confirmarlo previamente antes del martes 28 de febrero.
En este link se podrá encontrar la información necesaria, la temática que se va a abordar y la ficha a rellenar para poder asistir. 


¡Animaos, y nos vemos!

sábado, 11 de febrero de 2012

Con la Iglesia hemos topado

La Catedral Metropolitana de San Salvador se ha quedado en paños menores. El mural que la adornaba, creado por Fernando Llort, ha sido eliminado y en su lugar se pintará un "Salvador del mundo" y una estatua de bronce. Esta decisión no ha sido tomada por feligreses que acudiesen a la catedral, sino por la mismísima Iglesia Católica, en teoría, con la aceptación de la feligresía, aceptación que nadie parece haber dado.

La Catedral, revestida con el mural que Llort había hecho para ella, se queda sin personalidad y los feligreses, sin colores. El motivo no queda claro, pero sí las consecuencias: la Catedral (reconocida por los propios salvadoreños como una de las menos estéticas del mundo) ahora ya no puede lucir fachada.

Como es lógico, la familia Llort ha expresado su disgusto y enfado, y ha denunciado a la Iglesia por semejante ultranza tan "a lo gratis". 

Si alguien ve qué blasfemia puede tener la obra de Llort, por favor, que lo diga.


miércoles, 25 de enero de 2012

Ya lo dijo Orwell

En la facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, David L. Altheide ha dado una charla sobre el miedo en los Mass Media y en el discurso político. Altheide, reconocido sociólogo estadounidense, ha hecho una síntesis de ideas que se presentan en su estudio Fear and the Mass Media. 

El sociólogo ha hablado del impacto social que tiene la propaganda del miedo en EEUU, y cómo repercute este impacto en los comportamientos, actitudes y establecimiento de prioridades en la población. Los medios, en muchas ocasiones, son los únicos creadores de amenazas que provocan miedo y sensación de inseguridad en la gente. En Estados Unidos, el propio sistema del entretenimiento incluye el miedo, asunto peligroso porque se inculca de forma natural y desapercibida.
En Norteamérica, la gente tiene miedo. La publicidad de armas está por todas partes, relacionada con el poder y el sexo, ya es un objeto de consumo más. Estados Unidos es el país con más armas por habitante del mundo, y todo esto porque tienen miedo de ser atacados. Muchos estadounidenses no saben colocar Irak en un mapa, pero rechazan este país con odio y pavor. Irak, el comunismo, el socialismo... Odian sin saber dónde dirigir ese odio de ojos asustados.

La pregunta que Altheide plantea es la que siempre acaba saliendo cuando se habla de estos temas: ¿seguridad o libertad? ¿Hay que elegir? ¿Son incompatibles? Al parecer sí, y el mundo temeroso de un mal que no ve cambia sin pestañear parcelas de su libertad por sentirse más seguros: instalaciones tecnológicas cada vez más avanzadas y menos tolerantes con la intimidad, aduanas con control casi agresivo y neurótico, discursos políticos de vigilancia... 

Como se ha dicho, no son sólo los medios los que promueven el miedo social. Los discursos políticos, sobre todo en EEUU, fomentan la política del miedo. Estos discursos se centran en la prevención de supuestos enemigos dispuestos a atacarnos en cualquier momento, y la consecuente necesidad de estar prevenidos (con miedo) y preparados (con armas). 
¿Cuál es el objetivo de este discurso del miedo? ¿Qué buscan los políticos con esto? Altheide tiene la respuesta muy clara: control. La seguridad exige un control por parte del estado de los ciudadanos, y la necesidad de que éstos sean obedientes para que el gobierno pueda velar por su seguridad. Obedientes y un tanto estúpidos. El problema de estos discursos del miedo es que gran parte de la población se los cree, y, presa del pánico a todavía sigue sin saber qué, acata como un autómata las órdenes del gobierno y asimila de forma acrítica todas las ideas que el Estado va difundiendo. 
Así, con la política de la protección al ciudadano por encima de sus libertades, el Gobierno podrá hacer cualquier cosa justificando que es para defendernos. Esto es la narrativa del terrorismo, señores, que impera en el mundo occidental. La idea es simple: los terroristas y los delincuentes no siguen normas, no respetan la ley, por lo que cualquier cosa que el Estado haga para apresarlos estará bien, dando igual el daño que se pueda hacer a personas inocentes, o la violación de Derechos Humanos.

Los gobiernos no dejan de buscar enemigos de los que proteger (controlando) a la sociedad. En Estados Unidos, comunismo, socialismo, islamismo... Todo está en la lista negra, enemigos de los que tenemos que defendernos y a los que atacar si atacan (o sino también, para prevenir). 
Y todo por el control y la vigilancia. Mattelart tenía toda la razón en su libro Un mundo vigilado: la sociedad renuncia cada vez más a su libertad, a sus derechos como ciudadanos del mundo, para conseguir seguridad, aunque no sepan si están en peligro.

El mundo orwelliano, pues, parece estar más cerca de lo que podemos llegar a pensar.

miércoles, 18 de enero de 2012

Lo que no se quiere saber

No recuerdo muy bien cómo lo encontré. Generalmente, por las noches, ojeo El País digital, y acabo en América Latina. Sé que en cuanto lo vi me llamó la atención, tiendo un poco al morbo a veces: A lomos de la Bestia. Ni idea de qué es la Bestia, y empiezo a leer.

Cuanto más voy leyendo, más voy conectando con el escritor, con el paisaje nefasto que describe y con las pobres gentes que lo rodean. Y pienso: esto lo tengo que escribir en el blog. Y luego dejo de pensarlo porque no sé de qué forma abordarlo. Es un tema difícil, del que no estoy tan documentada como debería/querría y, sobre todo, muy delicado.

Pero hoy he leído la cuarta parte, y no puedo seguir sin decir nada al respecto. Lo dicho, necesito saber más. Por el momento, os dejo los cuatro relatos, y ya iré comentando los que vengan después... Aunque hablan bastante por sí solos.




sábado, 14 de enero de 2012

La paz que no es paz

En dos días, se cumplen 20 años de los Acuerdos de Paz en El Salvador, que acabaron con la guerra y que, en teoría, inauguraban un periodo de mayor desarrollo, paz y seguridad. 
Después de 20 años, El Salvador se encuentra en la lista de los países más violentos del mundo, con casi un 37% de población en la pobreza, con crisis, con homicidios. 
Se firmó la paz, y no cambió nada más. 
Ha llovido desde la matanza a los jesuitas, pero la situación en El Salvador no ha cambiado como era de esperar, y toca soplar 20 velas en medio de una crisis increíblemente aguda. Si bien se crearon toda una serie de instituciones para mejorar la situación salvadoreña, éstas no han trabajado como se esperaba o, directamente, no han trabajado. El organismo jurisdiccional sigue siendo poco transparente, hay corrupción, prosiguen los asesinatos... ¿De qué sirvió firmar los papeles de la paz, si bajo esas hojas la vida salvadoreña sigue valiendo tan poco?
El fin de la guerra no supuso el florecimiento de una economía que a día de hoy sigue estancada, sigue manteniendo a corruptos en sus puestos y dejando tanto que desear.

El fin de la guerra no supone la no-guerra. El Salvador sigue agónico, sigue violento, sigue radical, sigue corrupto. No hay guerra declarada, pero hay guerra en cada una de sus ciudades, hay guerra por cada persona que muere, hay guerra por cada sin techo, hay guerra por cada día que no hay comida. Hay guerra, porque la gente no vive como debería vivir.

Hay violencia en cada acto corrupto, en cada familia que pasa hambre, en cada persona que no tiene dónde ir, ni qué hacer, ni qué esperar.
Y el resto del mundo no ayuda. El Salvador, igual que otros países latinoamericanos, oye mudos sus gritos al resto del mundo, a Norteamérica, a Europa. En el oriente de occidente desoímos lo que piden, no hacemos caso, tenemos nuestra crisis particular que también genera violencia y guerra, de la que se ve menos y se nota más. 

El 16 de enero de este año, cumple 20 años una paz que no existe. Cumplen 20 años los esfuerzos de muchas personas por establecer más justicia, más libertad, más seguridad. Y se ganó una batalla, pero no la guerra. Si se quiere hablar de paz en El Salvador, habría que retomar los esfuerzos que se emplearon hace 20 años y seguir por esa linde, sin cansarse, porque queda mucho camino por delante.

lunes, 9 de enero de 2012

"We love America too"

El gobierno de Obama ha establecido una nueva normativa que no exige a las personas indocumentadas residentes en EEUU salir del país para legalizar su estancia en él. 

Gran parte de las personas indocumentadas en EEUU tienen algún familiar, amigo, pareja o similar allí, y se veían obligados, con la normativa anterior, a salir de su país para entrar de forma legal, sabiendo que el asunto tenía trampa: para esto, era preciso pasar un periodo de varios años fuera de Estados Unidos, hecho que hacía a la mayoría enfrentarse al dilema de separarse de sus seres querido o seguir viviendo de ilegal.

Sin embargo, con la normativa actual podrán tramitarse los papeles para ser "legal" dentro de EEUU y estas personas no tendrían que optar entre su vida o su país. 

Las buenas noticias llegarán el día que no hagan falta papeles para pertenecer a un país.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Cuando se elige ser poli malo.

Hollywood es suyo, sus equipos de baloncesto siempre ganan los campeonatos y seguimos su modelo, a veces tendiendo a la copia barata. Estados Unidos luce su bandera orgulloso, se erige como potencia mundial, se sigue proclamando como "el país de las oportunidades".
Pero EEUU no puede tomarse siempre como ejemplo a seguir. Tras las sonrisas multiculturales, tras sus exitosas películas y su pegadizo himno, Estados Unidos vive una realidad distinta a la que enseña. Es, junto con Somalia, el único país que tolera la condena a cadena perpetua a menores de edad. "Delito adulto, condena adulta". Y se ponen los pelos de punta.

La tierra de las oportunidades se las da de poli malo y no empatiza, no piensa en el pasado de estos menores, en los factores de presión que han vivido, en lo que supone decir a un niño de 11 años que toda su vida la pasa en la cárcel.

En plena edad de aprendizaje, a estos niños y niñas se les deja de enseñar, porque aprender ya no les va a servir para mucho. Son castigados, son tratados como los adultos que en realidad nunca llegarán a ser, porque no gozarán de los alicientes y enseñanzas necesarios.

Tenemos que dar las gracias porque, al parecer, este país joven ya se está haciendo un poco mayor y se ablanda con la edad: hace unos años se declaró que sólo se podría condenar a cadena perpetua a menores en caso de homicidio. Uf, menos mal. Con esto no se sabe si pretenden limpiar sus conciencias o acallar a todas las voces con un poco de sentido común que claman al cielo ante semejante burrada. ¿Cómo es posible, en pleno siglo XXI, que un país avanzado apoye una condena tal a niños y niñas?

Se dan así casos como el de Christie Cheramie, condenada con 16 por asesinato. Prácticamente obligada por su exnovio, Christie asesinó a la abuela de éste. Los antecedentes personales de esta joven son para no dormir: el novio de su madre la violaba, intentó suicidarse y estuvo en una clínica psiquiátrica. Pero eso a la justicia no le interesa. Asesinó y tiene que ser condenada

Nathaniel A. fue condenado con once años: disparó a una persona con una escopeta. En el juicio no quedó muy claro si fue o no premeditado, aunque se asegura que el niño (repito, el niño) había expresado varias veces su intención de disparar a alguien (y yo me pregunto, por qué no se hizo nada ante este comentario, bastante inusual, antes).

En este último caso se suma un factor altamente decisivo: Nathaniel es negro. Según lo leído, en el jurado sólo había una persona negra, el resto eran blancos.
Y ya al margen del color de piel del jurado que, en un principio y dando por hecho su imparcialidad (a lo mejor estamos dando mucho por hecho), el hecho de que una persona menor acusada de homicidio sea negra hace que sea más difícil la liberación.

Y es que en EEUU la justicia es racista. Ya al margen de menores, cualquier acusado o acusada de raza negra siempre tendrá un juicio más complicado que una persona de raza blanca. Y lo mismo pasa con el dinero: la gente pobre lo tiene más difícil y la gente rica, más fácil. Si bien podemos decir que esto pasa en todos los países del mundo, sin miedo a caer en un gran margen de error, el caso de EEUU es especialmente llamativo por su grandísima pluralidad de culturas y por la publicidad y la imagen que proyectan al resto de países.

Menores condenados y condenadas, racismo y clasicismo en la pobreza. El Tío Sam debería agachar un poco la cabeza y tomar ejemplo de la justicia de países que le sacan bastante distancia, porque en esto nadie pretende tomar ejemplo de ellos.